
El pilates se recomienda con frecuencia durante el embarazo porque fortalece sin generar impacto, mejora la postura (clave cuando el centro de gravedad cambia) y ayuda a controlar la respiración, algo útil también de cara al parto. Pero el embarazo no es un estado único: lo que es seguro en la semana 10 no siempre lo es en la semana 30.
Primer trimestre
Si ya practicabas pilates antes de quedarte embarazada, en general puedes mantener la actividad con normalidad, evitando el trabajo abdominal más intenso si aparecen molestias. Si empiezas de cero, es un buen momento para iniciarte con calma: el cuerpo todavía no ha cambiado tanto físicamente, pero el cansancio y las náuseas de este trimestre son razón suficiente para bajar la intensidad cualquier día que lo necesites, sin sentir que "te estás quedando atrás".
Segundo y tercer trimestre
A partir de aquí se evitan los ejercicios boca arriba durante periodos largos (pueden comprimir la vena cava e incomodar) y cualquier postura que comprima el abdomen. El foco pasa a la movilidad de cadera, el fortalecimiento de la espalda (que carga cada vez más peso hacia delante) y la respiración, con el suelo pélvico siempre presente. En el reformer, muchos ejercicios se adaptan fácilmente a posiciones de lado o semisentadas, que en el suelo son más difíciles de improvisar sin el apoyo de la máquina.
Por qué el reformer se adapta bien al embarazo
La resistencia ajustable y el apoyo de la plataforma permiten modificar prácticamente cualquier ejercicio según cómo te encuentres ese día, algo mucho más difícil de improvisar con el propio peso corporal en el suelo. Además, al llevar el control de cada sesión, es fácil ir reduciendo intensidad progresivamente a medida que avanza el embarazo sin tener que cambiar de actividad ni de instructora.
Señales para parar y consultar
El pilates en el embarazo es seguro en la gran mayoría de los casos, pero hay señales que siempre merecen consulta médica antes de seguir entrenando: sangrado, contracciones regulares fuera de trabajo de parto, mareo intenso, dolor agudo o hinchazón repentina. Si tu embarazo está clasificado como de riesgo, el primer paso siempre es hablarlo con tu ginecóloga antes de empezar cualquier actividad nueva.
El postparto: sin prisa y con progresión
La vuelta al ejercicio tras el parto no tiene una fecha única válida para todo el mundo: depende de si el parto fue vaginal o por cesárea, de cómo esté el suelo pélvico y de la valoración de tu matrona o fisioterapeuta. Como referencia general, muchas mujeres retoman una actividad suave hacia las 6-8 semanas, pero la fuerza abdominal se reintroduce de forma progresiva, empezando por el suelo pélvico y el transverso antes de cualquier abdominal más exigente.
- Antes de retomar: valoración de diástasis abdominal y suelo pélvico si es posible.
- Primeras semanas: respiración, movilidad suave, paseos.
- A partir de la mejora del core profundo: pilates suave y progresivo.
- Más adelante: intensidad normal, según sensaciones.
¿Qué es la diástasis abdominal y por qué se menciona tanto?
Es la separación de los dos músculos rectos del abdomen a lo largo de la línea media, algo que ocurre de forma natural en el embarazo para dejar espacio al bebé y que en muchos casos se reduce sola en los meses posteriores al parto. El problema no es la diástasis en sí, sino retomar ejercicio abdominal intenso antes de que el core profundo haya recuperado control, lo que puede mantenerla abierta más tiempo. Por eso el orden de progresión (suelo pélvico y transverso primero, abdominal clásico después) no es una recomendación arbitraria: responde a cómo se recupera realmente esa musculatura.
En blupilates adaptamos cada sesión al momento de cada alumna, tanto en el embarazo como en el postparto. Si es tu caso, cuéntanoslo al apuntarte a la lista de espera y lo tendremos en cuenta desde la primera clase en nuestro estudio de pilates en Vilamarxant.
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