Yoga

Tu primera clase de yoga: qué esperar (guía para principiantes)

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Tu primera clase de yoga: qué esperar (guía para principiantes)

El motivo número uno por el que alguien no prueba yoga no es la falta de tiempo: es el miedo a hacer el ridículo. "No soy flexible", "seguro que soy la peor de la clase", "no sabré seguir el ritmo". Si te suena, esta guía es para ti.

La flexibilidad no es el punto de partida, es el resultado

Nadie llega flexible a su primera clase de yoga; se llega flexible después de practicarlo. Cada postura (asana) tiene variantes y el profesorado adapta la intensidad a cada cuerpo. En una clase de nivel iniciación es completamente normal no tocar el suelo con las manos, tambalearse en un equilibrio o necesitar apoyos. La comparación con otras alumnas es la trampa número uno: cada cuerpo llega con una historia distinta de movilidad, y eso no se mide en una sola clase.

La respiración: la parte que nadie te explica antes de empezar

En yoga, la respiración no es un detalle de fondo: marca el ritmo de cada movimiento. La más habitual en clases de iniciación es la respiración ujjayi, una respiración nasal, lenta y algo audible que ayuda a mantener el ritmo y la concentración durante la práctica. No hace falta dominarla desde el primer día —se aprende practicando, como todo lo demás— pero saber que existe ayuda a entender por qué la instructora insiste tanto en "respira" durante una postura que ya de por sí cuesta sostener.

Qué llevar a tu primera clase

  • Ropa cómoda que te permita moverte sin restricciones (nada de cinturillas apretadas).
  • Calcetines antideslizantes, si te da reparo estar descalza; en el estudio también los tenemos.
  • Una botella de agua pequeña.
  • El estómago ni lleno ni vacío: ideal esperar 1-2 horas tras comer.

Cómo transcurre una clase típica

La mayoría de clases siguen una estructura similar: unos minutos de respiración y centrado al inicio, una parte central de posturas encadenadas (más o menos dinámica según el estilo), y un cierre de relajación tumbada (savasana) que muchas personas terminan considerando la mejor parte de la sesión.

Savasana —tumbarse boca arriba, en total quietud, durante los últimos minutos— parece lo más fácil de la clase y suele ser lo más difícil para quien empieza: la mente sigue acelerada aunque el cuerpo ya haya parado. Es completamente normal que la cabeza divague los primeros minutos; con la práctica, ese rato se convierte en la parte que más se echa de menos los días que no hay clase.

Estilos de yoga: por si te preguntas cuál es "el tuyo"

No todo el yoga es igual de dinámico. El hatha suele ser más pausado, con posturas mantenidas más tiempo, ideal para empezar. El vinyasa encadena posturas al ritmo de la respiración, con más movimiento continuo. El yin trabaja el tejido conectivo con posturas muy mantenidas (varios minutos) y una intensidad física baja pero una exigencia de quietud alta. Para una primera clase, cualquier estilo de iniciación sirve como toma de contacto: lo importante es empezar, no acertar con el estilo perfecto a la primera.

El único error real que puedes cometer

Forzar. El yoga premia la constancia, no la intensidad de un único día. Si una postura te genera dolor (distinto de la tensión normal de un estiramiento), es la señal para salir de ella o pedir una adaptación, nunca para "aguantar". Con el tiempo aprenderás a distinguir ambas sensaciones; hasta entonces, ante la duda, siempre es mejor preguntar a la instructora.

¿Y si tengo una lesión o una limitación física?

Cuéntaselo a la instructora antes de empezar. Prácticamente todas las posturas tienen una variante con apoyo (bloques, mantas, la pared) que permite trabajar la misma zona sin comprometer una lesión. El yoga bien adaptado no tiene por qué excluir a nadie: lo que cambia es la profundidad de la postura, no el hecho de poder practicarla.

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